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15 de febrero de 2021

El fútbol de luto: falleció Leopoldo Jacinto Luque

Leopoldo Jacinto Luque, campeón del mundo en Argentina '78, murió este lunes a los 71. Estaba internado por complicaciones causadas por el coronavirus

 

Leopoldo Jacinto Luque fue uno de los mejores delanteros argentinos y del mundo de la década del 70.

Luque fue campeón y figura de la Selección que ganó el Mundial 78 y del River de Labruna que se cansó de ganar campeonatos.

 

 

La historia de este centrodelantero habilidoso, potente, dinámico y goleador, es fundamentalmente la historia de un luchador.

Nada le fue fácil, ni en el fútbol ni en la vida.

Llegar a ser jugador profesional fue para Luque una carrera con obstáculos.

Sin lugar en Unión de Santa Fe, su club de origen, lo cedió en varias ocasiones a otras instituciones, luego lo dejó libre y Leo estuvo a punto de dejar el fútbol, sin haber debutado en primera.

Un dirigente “Tatengue” llegó a decirle: “No le hagas perder más tiempo a tu vieja, dedícate a estudiar o a laburar”.

Su espíritu indomable lo mantuvo en el fútbol, resurgió desde la Liga de Santa Fe como goleador y obligó al “Tatengue” a adquirirlo nuevamente.

Si la resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad, Leopoldo Jacinto Luque fue un campeón mundial resiliente.

Superó el dolor físico y el dolor del alma para levantar esa deseada Copa.

En el segundo partido del Mundial, en cancha de River, Argentina enfrentaba a Francia.

Se jugaban 28 minutos del segundo tiempo cuando Leopoldo Jacinto Luque recibió un pase de Osvaldo Ardiles, levantó la pelota y sacó un derechazo tremendo que superó la estirada del arquero francés Dominique Baratelli para meterse en el ángulo izquierdo. Con ese golazo, Argentina ganó 2 a 1, y se aseguró la clasificación para la segunda ronda.

Esa noche se luxó el codo y terminó el partido con el brazo colgando, y un ojo en compota, pero no quiso salir del campo de juego para no dejar al equipo con 10 hombres ya que había agotado los cambios. Se aguantó el dolor hasta el final.

Esa misma mañana, su hermano Oscar, de 25 años, había perdido la vida en un accidente automovilístico cuando viajaba de Santa Fe a la Capital Federal para ver el partido.

“El Pulpo” jugó frente a Francia sin saber sobre el fallecimiento de su hermano.

El papá de Leo, pidió que recién le avisaran después del encuentro ante Francia. Luque se enteró al otro día, por la mañana. Veló a su hermano, y no estuvo en los partidos frente a Italia y Polonia.

El encuentro con Polonia lo vio por televisión en su casa. No tenía ganas de volver. Cuando terminó el partido su padre le dijo: "Leo, tenés que reincorporarte. Tenés que estar, Dios quiso que así sea". Lo convenció, y un tío lo llevó en auto hasta Rosario.

Cuando Luque convirtió el cuarto gol de Argentina frente a Perú que significaba la clasificación a la final, en el partido que terminó 6 a 0, Leopoldo levantó los brazos hacia el cielo, emocionado, sólo pensaba en su hermano y en el dolor de su familia.

Nada detuvo su sueño de ser campeón del mundo.

La Selección fue su hábitat, su lugar en el fútbol.

César Menotti lo descubrió y lo llevó a jugar en la Copa América de 1975, cuando todavía estaba en Unión, en una Selección del interior, donde fue goleador.

De allí el pasaporte a la Mayor, donde brilló asistido por Houseman, Bertoni y “el Negro” Ortiz.

“El Tolo” Gallego lo rebautizó como “el Pulpo” por su costumbre de defender la posición y la pelota utilizando los brazos.

El bigote de época y la camiseta número 14 lo distinguieron durante el Mundial.

Con el seleccionado jugó 45 partidos, convirtiendo 22 goles.

 

 

 

 

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