Miércoles 21 de Abril de 2021

HISTORIA

2 de marzo de 2019

La Vida Íntima del Gran Profesor

Por Javier Gadea

Sarmiento es uno de los personajes más polémicos de nuestra historia. Quizá porque fue capaz de decir y sostener cosas horrorosas como genialidades, su vida política fue muy agitada y su vida íntima mucho más. Sarmiento  fue uno de los llamados Presidentes Históricos que se inició el proceso de construcción del Estado Nacional. 

Vamos a explorar en la vida íntima del gran maestro que diseño nuestro sistema educativo que estuvo reglamentado con la Ley 1420, la Ley de Educación Laica Gratuita y Obligatoria. Esta ley se sancionó en 1874 y fue tan importante que estuvo vigente hasta 1993. 

Por cuestiones políticas durante la época de Rosas Sarmiento tuvo que exiliarse en Chile.  Su vida amorosa comenzó allí con una joven de su misma edad, Jesús del Canto, Sarmiento era su profesor. De este romance nació Faustina a quien Sarmiento reconoció. La madre los abandonó y Sarmiento crió a su hija solo, con la ayuda de su madre y hermana en San Juan, de la madre de Faustina no se supo nada más. 

Faustina acompaño a Sarmiento durante toda su vida.

Para 1845 Sarmiento tenía 34 años,  era acompañado  en Chile por Benita Martínez de Pastoriza. Para 1845 Sarmiento viajó a EEUU  y África por 3 años, al volver Benita se había casado, tenido un hijo varón y había enviudado. Una de las cosas curiosas es que el niño tenía 3 años. Siempre se dijo que era hijo de Sarmiento. 

Cuando Sarmiento volvió a Chile se casó con Benita y reconoció a su hijo como propio y lo llamo Domingo Fidel Sarmiento.

Luego de la Batalla de Caseros en 1852, caído Rosas volvió a la Argentina, se reencontró con la hija de un gran amigo suyo, Aurelia Vélez Sarsfield “La Petisa”, hija de  Dalmacio Vélez Sarsfield. Era una joven  hermosa, inteligente, escritora, política; tenía 24 años y  Sarmiento  44 años. Era su mujer ideal, aunque había un inconveniente casi insalvable para entonces: ambos estaban casados, aunque ella ya se había separado de su primo-marido. 

Pronto, Aurelia y la política, convencieron a Sarmiento de que debía establecerse en Buenos Aires. La política le permitió ocupar diversos cargos. 

Sarmiento todas las noches iba a las tertulias en la casa de los Vélez Sarsfield. Allí “La Petisa” lo atendía como un rey, mientras Benita, su mujer, permanecía en Chile, cuidando a Dominguito.

Pero eso fue hasta que a la chilena, famosa por su belleza y también por sus feroces celos, resolvió ir por su marido a Buenos Aires. Cuando Sarmiento se enteró de la determinación de su mujer, fue como si el mundo se le hubiera venido encima. Adiós tertulias. Lo  peor fue que cuando Benita y Dominguito llegaron a Buenos Aires, la familia debió ir a vivir en la misma cuadra de la “La Petisa” Vélez Sarsfield.

Como buena celosa, Benita pronto descubrió las complicidades y  los pretextos de los amantes. Como es de imaginar, la vida de la familia se transformó en un infierno que duró hasta 1861, cuando Mitre, quizá sabedor de todo, se apiadó de su amigo y lo designó gobernador de San Juan.

 Desde San Juan, Sarmiento escribió cartas a su esposa y a su amada Aurelia. Pero como “el diablo siempre mete la cola”, el destino quiso que una encendida carta destinada a Aurelia cayera en manos de Benita,  Sarmiento, reaccionó y vio  que era su oportunidad y  se separó de su esposa.

Pero esto no fue todo, luego de dos años de gobernador en San Juan, Sarmiento partió como embajador  a EE UU. Desde allí siguió su romance con Aurelia, pero eso no le impidió tirarse una cana al aire. Fue con su profesora de inglés Ida Wickersham, una yanqui 30 años menor que él.

Estaba casada Pero su aventura duró poco. Luego de que él regresara a la Argentina en 1868, al ser elegido presidente de la Nación, la yanqui  ya divorciada, le imploró para que la trajera con el grupo de maestras yanquis contratadas por Sarmiento. Se hizo el sordo y nada contestó. 

Ella le escribió tiernas cartas de amor hasta 1881, pero el Maestro seguía tiernamente enamorado de su “Petisa” Aurelia Vélez Sarsfield. 

Pasaron los años y el romance con Aurelia siguió viento en popa. Ya entrado en años, sordo y enfermo, Sarmiento partió al Paraguay donde estaban su hija y nietos.  Desde allí, y a sus 77 años, le escribió a Aurelia para que viaje a Paraguay.

Ante el ardiente llamado del amante, Aurelia partió al Paraguay,  No llegaron a encontrarse en la madrugada del 11 de septiembre de 1888, le pidió a su nieto Jesús, que lo ayudara a sentarse para ver el amanecer,  murió a los 77 años.

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