Martes 20 de Abril de 2021

HISTORIA

6 de marzo de 2019

El Libertador entre la Guerra y el Amor

Por Javier Gadea

El nombre completo es José Francisco de San Martin y Matorras. Nació en Yapeyú un 25 de Febrero de 1778. A diferencia de muchos grandes generales a San Martin lo llámanos Libertador, ya que los territorios ganados en la guerra no se impuso como conquistador, sino que entrego el poder, sus campañas fueron decisivas para terminar con la guerra por la independencia de Argentina, Chile y Perú.

El  héroe también fue un hombre que  soñó, amó, padeció enfermedades, tuvo amantes, mal carácter, debilidades, amigos y  enemigos.

San Martin se casó con Remedios de Escalada teniendo él 34 años y ella 15 años, fue un matrimonio arreglado por causas políticas y económicas. El noviazgo solo duro unos días. Se casó en 1812 a solo 5 meses de su llegada a América. La pareja tuvo poco contacto en los 11 años que duró, hasta la muerte de Remedios en 1823 con 25 años. Estuvieron separados 6 años y 2 meses por la carrera militar.

Remedios no fue la única mujer en la vida de San Martin. La primera relación amorosa que se le conoció fue con una andaluza. Se la conoció como  Lola, quien lo acompañó, largo tiempo. Fue recordada por él en varias cartas a sus amigos. 
La segunda, un poco más nombrada por los historiadores, fue Pepa, la gaditana. Era de costumbres libres de las que el general se habría enamorado.

Una de las supuestas amantes que se le adjudican a José de San Martín fue su propia esclava, Jesusa, una mulata que había acompañado a su esposa Remedios en Buenos Aires.  Algunos autores afirman que la mulata lo acompañó toda su campaña y que en el Perú tuvo un hijo con él, a quien habría reconocido con su apellido. En 1820 por orden de San Martin va a ser vendida por 160 pesos. 

Domingo Faustino Sarmiento conto muchos años después, un episodio amoroso entre San Martin y una "aristócrata chilena" que no identifica por el nombre.

María Josefa Morales, la Pepa, es la amante más conocida de San Martín. Era mexicana, condesa de los Ríos y viuda de Pascual Ruiz Huidobro. Fue la compañera del general mientras este planeaba, desde Mendoza, la expedición al Perú. En los círculos sociales mendocinos, la pareja del Pepe y la Pepa era muy conocida. No se ocultaban y solían ir del brazo.

A llegar a Lima en 1821, San Martín conoció a Fermina González Lobatón, patriota y acaudalada que cedió su hacienda San Nicolás de Supe en Barranca, para que el Héroe se hospedara. Estaba casada con Domingo Laos y Supe. Varios historiadores peruanos sostienen que tuvo una fugaz relación y que de ella nació un hijo que fue bautizado con el nombre Domingo de San Martín. Sin embargo varios documentos demuestran que a mediados de 1821, cuando se produjo la llegada de las tropas libertadoras a Ciudad de los Reyes con San Martín, Fermina esperaba un hijo de su esposo.

En Guayaquil San Martín conoció a Rosa Campusano Cornejo y entablaron una amistad que se transformó rápido en relación. No trascendió pero a Campusano se la llamó "la Protectora". El mito trasunta que tuvo un hijo con el Padre de la Patria, conocido como el "generalito".

También en Guayaquil (Ecuador) conoció a Carmen Mirón y Alayón y se dice que tuvieron un romance. En 1823 nació un niño que fue bautizado Joaquín Miguel de San Martín y Mirón.

La relación entre San Martín y su suegra, doña Tomasa de la Quintana, fue compleja desde el mismo momento en que el Libertador contrajo matrimonio con Remedios. En esa casa de la alta sociedad porteña el único aliado del general fue Antonio José de Escalada, su suegro. Obviamente la relación entre ambos empeoró con la enfermedad y muerte prematura de Remedios por tuberculosis.

Durante la agonía de su esposa, el general, desde su chacra en Los Barriales, trataba de explicarle a doña Tomasa sus planes y la imposibilidad de concretarlos.

San Martín le escribía a su suegra diciéndole que "en mayo del año pasado", cuando se disponía a viajar hacia Buenos Aires para "darle el último adiós" a Remedios, "se apostaron partidas en el camino", para aprenderlo "como a un facineroso". Aquellas partidas "no pudieron cumplir con su pérfida misión" gracias al "piadoso aviso" que le dio el gobernador de Santa Fe, Estanislao López.

En 1824, finalizada la guerra de la independencia y tras la muerte de Remedios, el general San Martín y su hija, Mercedes, viajaron a Europa. Pasaron un tiempo en Escocia y luego se radicaron un tiempo en Bruselas, luego París y finalmente Boulogne Sur Mer.

Para Merceditas, más allá de los loables motivos, el general había sido un padre ausente, casi desconocido y al principio la relación entre ambos no fue simple.

En algunas de sus cartas dirigidas a sus amigos en la Argentina, especialmente en algunas escritas en Bruselas, San Martín cuenta sobre esos conflictos con su hija y se muestra preocupado. Sin embargo no pierde las esperanzas y llega a decir que "después de liberar Argentina, Chile y Perú, seguramente podré conquistar a esta niña". Incluso allí le escribe a Mercedes sus famosas máximas.

Finalmente el general logró lo que deseaba y la relación entre ambos fue lo que el Libertador esperaba.

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