Martes 20 de Abril de 2021

19 de marzo de 2019

San Martín perdió más que la categoría

Por Verónica Gómez

Con el dolor caliente y a flor de piel, el hincha de San Martín recorre su milla verde hacia sus lugares de trabajo o estudios sin entender porqué le toca atravesar esta tristeza. El domingo por la noche, ante una Ciudadela colmada y frenética, el Santo cayó de pie, quizá por primera vez en el torneo, luego de perder por goleada ante Boca. 

Era su última ficha en la ruleta y lo sabían todos. Nadie suponía a las 11 de la mañana de ese mismo domingo que la historia terminaría así. El partido más riesgoso para las obligaciones tucumanas se jugaba en San Juan y un guiño del destino quiso que el verdinegro perdiera ante otro urgido Argentinos Juniors.

En la noche del sábado, Belgrano no escapaba a la lógica y el puntero aseguraba su posición con un gol del enorme Lisandro López casi desde el vestuario. Sólo quedaba un "trámite", Patronato debía perder o empatar ante la sensación sociedadanonimezca (si se me permite el término) Defensa y Justicia que únicamente había sido derrotado ante el cuco que ya acechaba Bolívar 1960, el Boca de Alfaro. Pero la historia contará que en Entre Ríos el equipo del incansable concejal Bértoli, encontraría oxígeno en el sprint final del torneo.

En esas condiciones, San Martín estaba obligado a no perder para no descender ante su gente, y perdió.

Luego de un gran primer tiempo, se fue al descanso con un empate engañoso, San Martín había merecido más y Vigliano fue el gran responsable de que eso no sucediera. Sin amarillas para los Xeneizes, estos cortaron con falta casi todos los intentos de generación de juego del local, sumado a la anulación de lo que hubiera sido el segundo gol.

Jugado a todo o nada en la segunda mitad porque el empate sólo le serviría para estirar la agonía una semana más, el Santo fue en la búsqueda del segundo gol frente a un Boca que ya había tomado las riendas de la mitad del campo a través de un intratable Reynoso que decoraría su obra con un golazo inenarrable. 

Y luego todo fue desesperación. De los hinchas, del técnico, de los jugadores, de las almas que querían bajar al campo de juego para empujar la pelota que se empeñaba en golpear los palos del arco de un Andrada que acrecentaba su figura con el correr de los minutos.
Dicen que la suerte del campeón hace que la pelota entre sola y que la suerte torcida de los marcados saca de la línea hasta los bombazos de Pearl Harbor. Dicen que dicen, y parece que tienen razón.

El telón cayó y luego de 23 fechas de eterno sufrimiento, San Martín vuelve al lugar del que tanto le costó salir, jugará la próxima temporada en la B Nacional. Una B Nacional que tendrá varios monstruos, pero ya tendremos tiempo para analizar eso, por ahora nos deberemos dedicar a ver quiénes se van y quiénes se quedan. Si Caruso sigue o rescinden de común acuerdo el contrato firmado por un año, ya hay rumores de "problemas familiares" que le impedirían seguir en la provincia.

En fin, San Martín perdió mucho más que la categoría. Tucumán perdió una plaza histórica en primera. La Superliga implica mucha plata directa sobre los clubes pero también en los planos gubernamentales e idiosincráticos del país. La provincia en un año atravesó de lado a lado todos los caminos conocidos y no tanto con un clásico pasional que involucraba a toda la población del norte. No lo logró Salta, no lo logró Jujuy, no lo logró Catamarca, tampoco Santiago. Tucumán tenía para envidia del NOA y NEA a sus dos máximos exponentes cardíacos en la liga exclusiva que armaron algunos mercaderes. 

Cuando de hacer números se trata, las estadísticas de casi todas las temporadas desde el ingreso de los promedios marcan que un recién ascendido necesita entre el 40 y 45% de los puntos en pugna. Con 25 partidos, ergo 75 puntos, necesitaba como mínimo 30 unidades. Aldosivi en esta misma fecha que marcó el descenso del Santo, con 32 puntos ya aseguró su permanencia pero en la cuenta le alcanzaba con 3 menos. Las matemáticas no fallan casi nunca. Y los equipos seriamente armados, tampoco. Un estudio específico sobre los rivales, los posibles refuerzos, el técnico primerizo o sus reemplazantes y prevenir dentro de las posibilidades cualquier imponderable que alterara las previsiones, hubiera evitado este desenlace. 

Los Acevedo, Alberto Costa, García, Bieler, Pons, Carranza no abundaron durante los 8 meses de travesía en la primera división y eso se paga caro. Si bien la enjundia se vio en varias oportunidades, no te sirve al final para un objetivo tan importante como mantener la categoría. Con carácter puro ganás uno, dos o tres partidos, después necesitás fútbol, y al Santo le faltó en todo momento. Hubo una muy mala política para incorporar antes de iniciar la temporada y cuando la soga ya apretaba el cuello en el verano vacacional. 

No se podían cometer errores si el objetivo era no descender o había que reducir el margen de riesgo. Aún no se entiende la dirección técnica de Coyette, el gran responsable de la magra campaña en general. Tampoco se comprende la persistencia en ese error cuando ya era evidente que San Martín necesitaba otro técnico. Caruso Lombardi llegó como un salvador con casi nula incidencia estadística y prácticamente obligado a ganar todo. Debía obtener más victorias en 6 partidos que las que se habían conseguido en 19, eso sólo marcaba el destino.

Cuando las cosas cosas se hacen mal, los resultados que se obtienen son malos. A futuro queda la lección. Ya no hay changüí para improvisados en un fútbol ultra comercial y tecnológico. Deberá hacerse un balance general que permita ubicar al club como candidato a ascender, desde las bases y pensar el día de mañana como una continuidad de las pretensiones y no como una consecuencia azarosa de hipotéticas rachas. 

En Ciudadela hay una hinchada de primera, es el club el que tendrá que ponerse a la altura de ellos y no al revés. El dolor va a pasar, el aprendizaje no se puede obviar.

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