Martes 20 de Abril de 2021

29 de julio de 2019

Por lo menos 52 muertos en un motín carcelario en Brasil

La masacre comenzó a las 7 de la mañana, cuando las celdas fueron destrabadas para servir el desayuno a los reclusos

 

En medio de la brutal guerra que libran los dos principales grupos criminales de Brasil por el dominio del tráfico de drogas y armas en el país, al menos 52 presos murieron hoy en el Centro de Recuperación Regional de Altamira, en el norteño estado de Pará, luego de que miembros de una banda invadieron el pabellón que alojaba a internos de una facción rival, decapitaron a varios y prendieron fuego las instalaciones.

 

 

       

La masacre comenzó a las 7 de la mañana, cuando las celdas fueron destrabadas para servir el desayuno a los reclusos de este presidio ubicado en las afueras de Altamira, unos 800 kilómetros al sureste de Belén, la capital estatal, al sur del río Amazonas.

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Armados de facones, integrantes del Comando Classe A (CCA), un aliado regional del poderoso Primeiro Comando da Capital (PCC) -la mayor organización criminal brasileña, con sede en San Pablo-, se amotinaron, tomaron de rehenes a dos agentes penitenciarios, e ingresaron por la fuerza al anexo donde se hallaban detenidos presos del Comando Vermelho (CV), el segundo mayor grupo criminal del país, originario de Río de Janeiro.

Los atacantes cortaron las cabezas de al menos 16 de sus adversarios, grabaron videos de sus acciones con celulares que tenían escondidos y las enviaron a sus socios del PCC. Incendiaron colchones y volvieron a cerrar los portones del pabellón para asfixiarlos o quemarlos vivos.

La rebelión dejó más de 50 muertos en la prisión de Altamira, en el sudoeste de Pará

La rebelión dejó más de 50 muertos en la prisión de Altamira, en el sudoeste de Pará.

 

"Encontramos cuerpos decapitados y otros muertos por asfixia. No sacamos a todos porque el lugar aún está caliente. Es una unidad antigua, en formato de containers", informó a la prensa Jarbas Vasconcelos, secretario de la Superintendencia del Sistema Penitenciario de Pará.

El Grupo Táctico Operacional de la Policía Militar estatal fue accionado para poner fin a la rebelión, mientras efectivos de la Policía Civil y personal del Ministerio Público en Altamira participaban de la negociación para liberar a los rehenes. Tras cinco horas de horror, poco después del mediodía los dos agentes penitenciarios fueron puestos en libertad y los amotinados depusieron sus armas.

"Fue un ataque localizado y dirigido a exterminar integrantes de la banda rival. Fue una lucha entre facciones", resaltó el secretario Vasconcelos, quien aclaró que los detenidos que iniciaron el insurrección no habían planteado ninguna exigencia.

Según las autoridades, los servicios de inteligencia no tenían indicios de que se estuviera planeando una acción de esta magnitud. Se trató de la mayor masacre carcelaria en lo que va del año, luego de que el 27 de mayo 55 presos murieron también en medio de peleas entre facciones en una cárcel de Manaos, capital del estado de Amazonas, vecino al de Pará.

Los presidios de la zona norte de Brasil se han convertido en uno de los principales escenarios de la feroz guerra que protagonizan desde hace tres años el PCC y el CV por el control de las rutas del narcotráfico y del contrabando de armas que llegan a Brasil desde Colombia y Venezuela. Durante un par de décadas, existió una suerte de tregua entre el PCC y el CV, pero en 2016 se dio por terminado el pacto y comenzaron a disputarse sangrientamente los territorios fronterizos con aliados locales; además del CCA, el PCC cuenta entre sus aliados regionales a grupos como Bonde dos 13, Bonde dos Malucos y Guardiões do Estado; el CV, en tanto, está asociado a la creciente organización Familia do Norte (FDN).

Las superpobladas cárceles, que sirven de fuente de reclutamiento de nuevos miembros para las bandas criminales, empezaron a registrar enfrentamientos cada vez más serios. A principios de 2017, una serie de ataques en prisiones de Amazonas, Roraima y Rio Grande do Norte dejó 126 muertos, muchos de ellos decapitados y carbonizados. El Centro de Recuperación Regional de Altamira ya había sufrido un motín similar al de hoy en septiembre de 2018, cuando siete detenidos murieron y otros tres quedaron heridos, mientras un grupo de 16 logró escapar temporalmente. Esta unidad, que tiene capacidad para 163 reclusos, es sin embargo ocupada por 343, una situación que se repite en la mayoría de las cárceles del país en pésimas condiciones. Aunque tiene capacidad en sus prisiones para 416.000 presos, hoy Brasil suma 812.564 detenidos según las últimas cifras del Consejo Nacional de Justicia, lo que lo convierte en el país con la tercera mayor población carcelaria del mundo después de Estados Unidos (2,1 millones) y de China (1,6 millones).

 

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