Domingo 1 de Agosto de 2021

FÚTBOL

4 de octubre de 2019

Hablar de fútbol en tiempos violentos

Por Verónica Gómez

Atlético se encuentran ante un vórtice extraño con rayos internos que amenazan la paz conseguida en estos años. La consecución de malos resultados en este segundo semestre de 2019 puso en discusión temas que parecían olvidados en la agenda decana. 

Que si el técnico debe seguir, si es ciclo cumplido, si los refuerzos fueron los correctos, si el equipo que es titular es el indicado, si los sistemas tácticos utilizados sirven, si los nombres para esos sistemas son los adecuados, si vale la pena esperar que tal nombre termine de asentarse en el equipo, si hay que tener paciencia, si los dirigentes tomaron las decisiones correctas en la pretemporada, si esto, si aquello, si el sol da calor, si hace frío en invierno, si la inflamación se va el dolor vuelve.

Todos sabemos que Argentina tiene 45 millones de técnicos, pero esos técnicos potenciales no aparecen hasta que los técnicos reales parecen no encontrar los caminos para obtener los resultados periodística y socialmente aceptables. Entonces todos sabemos de tácticas y estrategias y conocemos a la perfección los estados físicos y técnicos de los planteles, todos conocemos de pronto quiénes hubieran sido buenos refuerzos y quiénes no tienen méritos para vestir tal o cuál camiseta. 

Todos conocemos de ingenierías económicas para pagar los sueldos y mantener clubes, todos sabemos de recursos políticos para llevar adelante las pasiones sincronizados con efectivismo exitista. Todos conocemos qué canción hay que cantar más fuerte para mover alguna fibra que creamos oculta en algunos jugadores y todos sabemos cuándo esos jugadores parecen no tener conexión emocional o entrega profesional para afrontar determinadas situaciones. Los argentinos la tenemos re clara siempre.


En este contexto psicótico el fútbol sigue su curso y Atlético no le va a escapar a esa lógica. Atlético está en discusión. Todo lo inherente a Atlético está en discusión. Atrás quedaron los logros y objetivos alcanzados y comenzó la etapa de revisión microsegmentada de los hinchas, del periodismo, de los opinólogos por decantación. 

Entonces también aparecen los supuestos rollitos de jugadores que parecen gordos, los horarios nocturnos supuestamente no respetados de quiénes deberían tener conductas ejemplares (nunca entendí esto), las horas que lleva cada práctica para lograr los funcionamientos y los minutos que se dedican a las prácticas a puertas cerradas para generar misterios y secretos que muestren las fórmulas mágicas con las que el fútbol de pronto gana ciertos partidos. Que nada es suficiente o que todo fue excesivo. Somos parte de una psicosis colectiva que no habla de fútbol, habla de lo relativo al fútbol, de lo marketinero del fútbol. De lo decorativo del fútbol. Pero no habla de fútbol, casi nadie habla de fútbol.

La realidad por fuera de esta maraña de hipótesis y conspiranoias es que Atlético no ha jugado bien nunca en este torneo y la Copa Argentina salvo en pasajes de algunos partidos. Que le cuesta articular, relevar, conocerse entre sí y al menos aspirar a romper el juego ajeno. La realidad es que la mitad del campo y la delantera parecen islas. La realidad es que los delanteros juegan en la mitad de la cancha para tener contacto con la pelota. La realidad es que lo poco que genera no tiene contundencia. La realidad es que los cambios cuando la cosa no va, no cambian la cara y  en muchas ocasiones empeoran el panorama. 

La realidad es que los cambios cuando la cosa no va, no cambian la cara y en muchas ocasiones empeoran el panorama. La realidad es que es un plantel nuevo que necesita más rodaje para empezar a jugar a algo más parecido a lo que veníamos viendo hasta hace 6 meses. La realidad es que la oscilación continua entre los sistemas tácticos no lo deja pensar la estrategia que lo lleve a los objetivos planteados. La realidad marca que como ante Huracán, Atlético necesita cerrar su arco para esperar el momento en que se abra el ajeno.

La realidad es que Atlético le hace falta tranquilidad, en los propios y en los ajenos, recursos tiene. Colchón tiene. Ingresos tiene. Su gran problema más allá de las circunstancias futbolísticas actuales es que aparte está sumido en la misma realidad político social que todos, y la cancha siempre es un reflejo de los estados de ánimo populares. Por eso mismo, es hora de bajar un cambio, todos, nos relajemos y dejemos al fútbol hablar, pero hablemos de fútbol.

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