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1 de noviembre de 2019

"El Santo de la gente": la historia de San Martín y sus 110 años de grandeza

Un 2 de noviembre de 1909, en una casona de Ayacucho 557, 14 jóvenes entusiastas dieron vida a uno de los clubes más grandes de la Argentina

  Reza la leyenda: "Hace 110 años, 14 jóvenes entusiastas fundaban el club San Martín”. ¿Quiénes eran? ¿Qué pensaban? ¿Imaginaban lo que estaba creando? ¿Llegaron a ver la magnitud de su obra? ¡Pucha, que manera de pasar por este mundo! ¡Qué legado para la sociedad, para la historia! Dejarle la pasión más grande de la vida a millones de personas. Porque somos millones: los que ya no están, los que estamos y los que vendrán. Porque crearon eternidad, porque fundaron una parte importante de la identidad de nuestra provincia.    Se sabe poco de ellos. Se sabe que era un grupo de amigos con algún que otro primo, casi todos de barriadas de la zona sur de la ciudad, que allá por 1909, era mucho más pequeña y precaria. También sabemos que eran más o menos jóvenes y de origen humilde. Que amaban el deporte que empezaba a masificarse en el mundo entero. Sabemos que no les alcanzó la vaquita para comprar un libro de actas por lo que dejaron constancia de todo en una hoja común y corriente.    Entre los 14 estaba Secundino Dante Torossi, que prestó su casa de Ayacucho 557 para la asamblea fundacional. Ahí durante varias horas se discutió el nombre, algunos quería llamar “Alem” al club ¿Se puede discutir algo tan elemental? San Martín siempre fue San Martín. Se eligieron los colores en honor a Alumni, y se proclamó primer presidente a Romelio Castro.   Hasta ahí, los 14 dieron el primer paso, pero después había que seguir, porque 110 años no se cumplen todos los días, pero se construyen cotidianamente. Entonces, aparecen los héroes, pero no esos de Marvel, sino héroes humanos, mundanos, chiquitos, anónimos algunos, otros más conocidos. Esos tipos que sin pedir nada a cambio dieron lo que pudieron, y a veces más, por hacer crecer al club, o al menos sostenerlo. Cada uno de su lugar, y como pudo. Por ejemplo: el Ingeniero Mario Bron, que se asoció en 1918 y fue presidente un año después, que de manera alternada condujo al club por más de 18 años.    Bron fue quien cumplió el sueño del estadio propio, el primero, el de Bolivar y Alberdi, que se inauguró en julio de 1925 en un amistoso vs River. Ese mismo estadio que cinco años más tarde, en plena crisis mundial por la caída de la Bolsa del 29 en Estados Unidos, San Martín se vio obligado a vender. Sin embargo, Bron, secundado por Barthaburu, entre otros, no se ahogaron en un mar de lágrimas de tristeza, no. Rápidamente pensaron cómo salir adelante: atravesaron la manzana por un pasaje, lotearon el terreno y lo vendieron así, para sacarle unos pesos más.    Hacia fines de 1930 se consigue adquirir el terreno de Bolivar y Pellegrini en pleno barrio de La Ciudadela. Se trabajó mucho hasta poder inaugurar el estadio recién en 1932. El presidente era Francisco Sanjuan, Bron había dejado el club para presidir la Federación Tucumana de Fútbol. La simbiosis entre el club y barrio es más que evidente, ya no hay forma de separarlos. San Martín y Ciudadela son una misma cosa. El estadio fue creciendo, de a poquito, parche a parche, se fueron completando las cuatro tribunas y a pulmón. Entre socios y dirigentes, se fue dándole la fisonomía actual.   También en el corazón del barrio se pudo obtener el Solar de los Deportes, que logró durante muchos años acaparar la vida social de la institución. Ahí, entre torneos infantiles y bailes de carnaval, San Martín se acercaba a la comunidad como algo mucho más rico que un simple equipo de fútbol. Allí los socios se encontraban, se conocían, conversaban, discutían, debatían, vivían.   Adentro de la cancha había buenas y malas. La década del 30 también fue infame para San Martín, prácticamente no se ganaron títulos, y se tuvo una mala racha en los clásicos. Pero justamente ahí nació el mito de la hinchada fiel, porque el club perdía partidos y ganaba gente. El pueblo Ciruja bancaba y se esperanzaba con tiempos mejores. Cosa que no tardó en suceder.   Porque si la del 30 fue mala, la del 40 fue la mejor de todas. Con Roberto Santillan a la cabeza, San Martín obtendría infinidad de títulos, sería dos veces tricampeón (una de ellas invicto), y hasta se daría el gusto de jugar sus primeros torneos oficiales nacionales. En el Torneo  de la Republica en 1943, llegaría a semifinales luego de vencer al Independiente de Arico, Sastre y De La Matta.   Pero el auge llegaría en 1944 cuando se consagró Campeón del único torneo Federal que existía nivel clubes: La Copa de la Republica. El 3 a 1 en la final contra Newells  sirvió para dar la vuelta olímpica más importante de la historia en la cancha de Atlético.    Más adelante, con Ernesto García Soaje, se Iluminaría la cancha y se lograrían las primeras clasificaciones a los torneos Nacionales. Luego llegarían los años de Don Natalio Mirkin, quien profundizó el crecimiento: agrandó la capacidad del estadio hasta un número bastante parecido al actual. Se vendió El Solar y se Construyó el Complejo Polideportivo de Cevil Redondo. Además Natalio luchó por un fútbol federal y justo. San Martín se convirtió en la punta de lanza de los clubes del interior y con mucha dignidad se plantó en AFA como nadie lo había hecho, ni lo volvería a hacer.   En lo futbolístico se logró subir la vara: se clasificó a 16 de los 19 nacionales disputados, logrando en varias ediciones decorosas campañas.  Luego llegó la reestructuración que prometía mejores condiciones para el interior, pero terminó siendo lo contrario. Entonces, el club logra ascender desde la Liga a Primera y así empezar la era de las participaciones nacionales que se mantiene hasta hoy (exceptuando 2 temporadas).   En estos 110 años hubo de todo. El club tambaleó, se estabilizó,  volvió a temblar, pero siempre se mantuvo de pie, sostenido por su gente, por ese fuerte apoyo popular que supo conseguir y que, sin dudas, es su gran  rasgo distintivo. “Pasaron años, jugadores, dirigentes, campeonatos ganados (y perdidos) y siempre están esos pibes que alientan desde el cielo”. O esos miles que, a su manera, vivieron y van a vivir por y para San Martín. Pasaron DTs olvidados o mal recordados y aquellos que ya nunca se olvidarán. También eso jugadores, como El Pelusa, El Pocho o El Coya, a los que se extraña cuando la mano viene difícil. También están aquellos que después de jugar 20 años y romperla en todas las canchas, hoy alientan desde la tribuna, mezclados con nosotros, los que soñábamos ser como ellos.    Y sobre todo estamos nosotros que de lunes a viernes juntamos el mango para poder pagar la entrada, que cargamos con nuestros hijos al hombro, que llegamos desde cualquier punta de la provincia como pueden, y que cuando parece que no hay nadie, siempre estamos. Los de ayer, los de hoy y los de Siempre. Porque el Santo es de la gente. A todo, absolutamente a todo el pueblo Ciruja, ¡felices 110 años!   Ayacucho 557, donde nació San Martín. Foto: Historia y Pasión CASM   Los primeros pasos del actual estadio.   Los campeones de la Copa República de 1944: la única estrella de verdad del norte argentino.     Arriba: Guillén, Murillo, Benítez, Díaz, Vidal González, Maguna, Marchesse y el Capo. Abajo: Cejas, Marinich, Troitiño, Seronero, Roque Martínez, el Coya Gutiérrez, el Colo Torales y Pedro Pablo. Equipazo del 84 y campeón Anual.   Nelson Chabay y los grandes equipos que ascendieron a Primera en 1988 y 1992.   El equipazo dirigido por Carlos Roldán subió a Primera en 2008.   La última gran alegría fue en 2018 con el cuarto ascenso a Primera. Hoy el equipo está puntero y con la ilusión intacta del regreso.

Por Gabriel Sanzano para eltucumano.com

 

 

 

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